arquitectura popular española
Sistemas. Edificios tradicionales. Descripción constructiva.

(artículo en redacción, a falta de comprobar texto y añadir imágenes)
 
Introducción. Entorno, materiales. 
 
En la arquitectura popular, los materiales empleados son los de más fácil adquisición, los que se tienen más a mano. La tierra, la cal, la madera, la piedra o la paja, solían ser los más utilizados por el pueblo para construir sus viviendas. La arcilla cocida, especialmente tejas y baldosas, era también muy extendida. 
 
Durante siglos, el uso casi en exclusiva de los materiales que se podían encontrar en una zona y las condiciones climáticas de la misma, fueron creando un sistema de construcción propio, unas reglas comunes a cada comarca, que se perfeccionaron con el paso del tiempo. 
 
La arquitectura popular se adaptó a lo que había. 
 
Básicamente, los habitantes de cada zona de España fueron adaptando su manera de construir las casas a los materiales que la Naturaleza les ofrecía y a las condiciones climáticas propias de su comarca. También influyeron los conocimientos o formas propias de construir que traían las personas que se asentaban en la comarca viniendo de otra. Todos estos cambios terminaban por adaptarse, de una manera u otra, a las condiciones reales del lugar en que se vivía. El proceso de adaptación, en algunas ocasiones, duraba siglos. 
 
El siglo XX supuso un gran cambio en las formas de construir. Un cambio tan profundo que afectó de lleno a las clases populares y, con ellas, a la arquitectura popular. De una parte, la aparición de nuevos materiales y su producción a nivel industrial; de otra, la facilidad para el transporte de los productos de dichos productos y, por último, el considerable aumento de la capacidad adquisitiva del pueblo, facilitaron una situación como la que hoy vivimos, en la que se puede emplear prácticamente cualquier material para la construcción de una vivienda. 
 
Por otro lado, ese es precisamente el gran problema para la conservación de la arquitectura popular: en un mercado saturado por distintos materiales que, prácticamente, han dejado en el olvido a los materiales tradicionales pero que se intentan utilizar como éstos últimos. 
 
Muros de carga realizados con ladrillos huecos, viguetas de hormigón empleadas como si fueran de madera, antiguos muros de adobes o de tapia de barro enfoscados con mortero de cemento y arena o directamente tratados con pintura plástica. Zócalos de plástico empleados en viviendas antiguas para evitar humedades y que sólo agravan el problema... 
 
Partes de un edificio.
 
La cimentación es la parte del edificio a través de la cual éste descansa sobre el terreno. 
 
La estructura sirve de sustentación al edificio, transmitiendo el peso de éste a la cimentación. 
 
Las fachadas sirven para separar el interior del edificio exterior y protegerlo de condiciones climáticas adversas o del acceso de extraños 
 
La cubierta es la parte superior del edificio, normalmente cubierto por tejas, que lo protege de la lluvia. 
 
Los acabados son los materiales de recubrimiento que se utilizan para dar a las distintas partes del inmueble su aspecto y textura visibles, mejorando las condiciones de habitabilidad del mismo. 
 
Las instalaciones del edificio permiten a sus habitantes disponer de comodidades tales como agua corriente, evacuación de aguas sucias, electricidad, calefacción, etc. 
 
01. Cimientos y estructura 
 
La cimentación es la parte del edificio a través de la cual éste descansa sobre el terreno. Cuando soportan un muro, suelen consistir en un recrecido del mismo realizado con mampuesto hasta encontrar terreno firme, también se pueden emplear piedras de mayor tamaño. Si el elemento soportado transmite una carga puntual (columna, pilar de ladrillo o pie derecho de madera), la cimentación suele ejecutarse mediante el relleno de un pozo excavado bajo el elemento con piedras y mampuestos. En algunas ocasiones se encuentran cimentaciones realizadas con ladrillo. 
 
La estructura sirve de sustentación al edificio, transmitiendo el peso de éste a la cimentación. Se compone de dos tipos de elementos, según su posición: verticales (muros de carga o atado, pies derechos y pilares) y horizontales (vigas y forjados) 
 
Tradicionalmente, la estructura de los edificios de vivienda se ha realizado mediante un sistema de muros de carga que sirven de apoyo a otros elementos del edificio (forjados y la estructura de los tejados) y transmiten su peso a la cimentación, que suele consistir en una zapata corrida, es decir: un ensanchamiento de su base en contacto con el terreno y en toda su longitud. 
 
Los muros se construían con distintos materiales: tapia de barro, adobes, ladrillos, mampuesto de piedra irregular o, incluso, sillares (bloques labrados de piedra). Para la apertura de huecos en puertas y ventanas se empleaban dinteles de madera o piedra o pequeños arcos de piedra o ladrillo.  
 
Los muros de atado no soportan el peso de otros elementos, pero sirven para que los muros de carga no se vuelquen y permanezcan en posición vertical. 
 
Los pies derechos son elementos de madera verticales que sirven para soportar el peso de otros elementos y para reforzar la estructura de los muros de carga y atado mediante un entramado de madera incluido en éstos que estabiliza al conjunto de la estructura. Su empleo es muy habitual en las construcciones tradicionales. 
 
La estructura de la cubierta de las casas tradicionales se solía realizar mediante cerchas de madera apoyadas en los muros de fachada o bien mediante pares (vigas) de madera que apoyan en muros de carga consecutivos. El empleo de un sistema u otro dependía de la distancia entre los apoyos (luces) de dichos elementos: las cerchas pueden salvar luces más grandes que los pares. 
 
Los forjados son los suelos y techos de las casas. Para su construcción, se empleaban viguetas de madera. Su peso era recogido por los muros de carga o por vigas de madera que, a su vez, se apoyaban en pies derechos del mismo material, columnas de piedra u otros elementos singulares de las construcciones tradicionales. 
 
A mediados del siglo pasado, con la aparición o extensión de nuevos materiales, como el acero o el hormigón, la forma de construir la estructura cambió, permitiendo reducir ésta a una especie de esqueleto formado por pilares y vigas sobre las que apoyar los forjados y la techumbre del inmueble. Los muros de carga y atado se hicieron, pues, innecesarios. 
 
Esto no quiere decir que se dejaran de construir casas con estructura de muros de carga, sino que en la actualidad se construyen de ambas maneras o, incluso, combinando ambos sistemas. 
 
La cimentación de un edificio construido mediante un sistema de pilares y vigas se suele realizar mediante zapatas de hormigón armado situadas bajo cada pilar. Cada una de ellas se encarga de transmitir la carga que soporta su pilar al terreno. Su tamaño corresponde, lógicamente, a la carga soportada y al tipo de terreno sobre el que se asienta. Para una carga mayor, mayor ha de ser la zapata; mientras que para un terreno más resistente, menor será su tamaño. 
 
Unas malas características del terreno pueden hacer necesario unir las zapatas entre sí con vigas de hormigón (vigas de atado) o emplear zapatas corridas; en el caso de terrenos de muy escasa capacidad para aguantar pesos, suele construirse como cimentación una losa de hormigón armado de la superficie del inmueble o incluso emplearse pilotes. 
 
Los pilares y vigas de la estructura suelen ser de acero o de hormigón armado. Es frecuente emplear un sistema mixto de pilares de acero y vigas de hormigón. Los forjados han dejado de estar hechos con viguetas de madera para realizarse con viguetas de hormigón o, en menor cantidad, de acero. 
 
En el caso de que el edificio se construya siguiendo el método tradicional de muros de carga y de atado, el ladrillo suele ser el material más empleado y los vanos suelen abrirse utilizando dinteles de vigas de hormigón. El grosor del muro es proporcional al peso soportado 
 
Con respecto a la estructura de las cubiertas, se suelen emplear dos sistemas distintos, dependiendo de si se va a utilizar el espacio que queda bajo ella o no. Si se desea emplear dicho espacio, suele construirse un forjado inclinado que haga las veces de faldón. Si no esté prevista su utilización, lo más habitual es construir el forjado de la última planta y apoyar sobre éste el tablero de cubierta mediante tabiques palomeros. 
 
02. Fachadas. 
 
Las fachadas sirven para separar el interior del edificio exterior y protegerlo de condiciones climáticas adversas o del acceso de extraños. En muchas ocasiones los muros de fachada forman parte de la estructura. 
 
Tradicionalmente, las fachadas (entendiendo éstas como los muros perimetrales del inmueble) eran a la vez muros de carga. El grosor habitual de una fachada venía a ser de unos 40 ó 50 cms y los materiales más empleados para su construcción eran el adobe de barro cocido, el ladrillo o el mampuesto de piedra. En el caso de que el muro se realizara en barro era frecuente que su arranque se realizara con mampuesto para evitar que la humedad del terreno lo afectara. El empleo de sillares de mayor o menor tamaño era costoso y solía limitarse a las esquinas o puntos singulares. 
 
En las viviendas de estructura moderna, las fachadas, al no cumplir una función sustentante, se limitan a separar el exterior del interior y a proteger éste último de las inclemencias del tiempo. Para ello es suficiente con un grosor muy inferior, de aproximadamente 12 cms. 
 
En la actualidad, sea cual sea el tipo de fachada (muro de carga o un sencillo muro de medio pie de ladrillo), es obligatorio disponer un material aislante en su interior que nos proteja tanto del frío como del calor exteriores. 
 
03. Cubierta o tejado. 
 
El tejado es la parte superior del edificio, normalmente cubierto por tejas. 
 
Con el fin de facilitar la evacuación del agua de lluvia, suele estar formado por planos inclinados (faldones) que se recubren exteriormente con elementos que impiden el paso del agua al interior, como tejas de barro cocido o piezas de pizarra. Antiguamente, eran frecuentes las cubiertas de paja. 
 
Las tejas árabes suelen descansar sobre faldones formados por tablas ripias de madera, empleándose el barro mezclado con paja como elemento intermedio. 
 
En las construcciones más recientes, las tablas de madera fueron sustituidas por elementos cerámicos denominados rasillones, sobre los que se extiende una capa de mortero de arena y cemento donde las tejas son recibidas con mortero. 
 
Los encuentros de los distintos planos de faldones forman líneas de unión denominadas limas. Las limas situadas en la zona superior del encuentro de los faldones se denominan limatesas, mientras que las limas situadas en el punto que recoge aguas, se denominan limahoyas. Ambas deben rematarse perfectamente, pues son puntos habituales de entrada de agua. 
 
El encuentro del tejado con los muros de fachada suele resolverse mediante la prolongación del faldón del tejado para evitar que el agua moje y dañe los muros. Esta extensión se logra mediante la construcción de aleros o cornisas de diferente naturaleza y aspecto. 
 
El sistema de recogida de aguas del tejado se complementa con los canalones y bajantes que evacuan la lluvia a los puntos deseados. 
 
04. Acabados. 
 
Los acabados son los materiales de recubrimiento que se utilizan para dar a las distintas partes del inmueble su aspecto y textura visibles, mejorando las condiciones de habitabilidad del mismo. 
 
En el exterior, los muros de fachada, cuando no eran de ladrillo visto, solían recubrirse con una capa de revoco de cal y arena que los protegía de la lluvia y mejoraba su aspecto exterior mediante el empleo de forma geométricas. 
 
En algunos edificios con muros de adobes de barro, era frecuente aplicar un mortero de cal, tierra y paja. Cuando los muros se construían con tapia de barro, también era habitual encalarlos. Estos acabados evitan que la lluvia o el hielo puedan dañar el muro. 
 
Actualmente, los recubrimientos que más suelen emplearse son los morteros de cemento y arena, pintados posteriormente. También se emplean morteros industrializados ya teñidos o con diversos acabados. 
 
Los acabados interiores permiten a las viviendas ofrecer las condiciones necesarias para poder ser habitadas. 
 
Los acabados de los suelos han sido y son muy variados. Antiguamente, el acabado del suelo de las plantas bajas de una vivienda popular solía realizarse directamente sobre el terreno, bien mediante una capa del propio terreno mezclada con cal o bien mediante la colocación de losas de piedra de distinto tamaño. También se empleaban baldosas de barro cocido. En las plantas altas, los suelos solían ser las propias tablas de madera que se colocaban sobre las viguetas de los forjados, aunque también podían embaldosarse empleando, de nuevo, barro mezclado con cal para asentar las piezas. En las zonas destinadas a hacer fuego, como el hogar de las cocinas, era necesario colocar un solado de piedra o baldosas en la zona destinada a ello cuando éste se situaba en la planta alta y el suelo era de madera. 
 
El acabado interior de las paredes más habitual antiguamente era la aplicación de un mortero realizado a base de cal y tierra al que normalmente se le añadía paja para evitar que se agrietara y desprendiera. Se aplicaba directamente sobre los muros, evitando así que quedaran irregularidades que pudieran facilitar la acumulación de suciedad o la presencia de insectos. Posteriormente se extendió el uso del yeso. 
 
En algunas ocasiones, se empleaban baldosas de arcilla cocida en aquellos puntos de la vivienda donde eran frecuentes las salpicaduras de agua en las paredes. Dichas baldosas terminaron por evolucionar y comenzaron a vidriarse en su cara exterior y a ser decoradas, dando lugar a los azulejos. 
 
La distribución de las viviendas se realiza mediante tabiques que no cumplen ninguna función estructural y que se añaden a la distribución condicionada por la posición de los muros de carga. Los tabiques de las casas antiguas solían estar hechos con adobes de barro y paja. También eran frecuentes los tabiques realizados con listones de madera sobre los que se disponía un encestado de cañas al que se le aplicaba el acabado. Posteriormente, la tabiquería se realizó con distintos tipos de ladrillos de arcilla cocida producidos industrialmente. En la actualidad, los dos materiales más empleados para la ejecución de tabiques son los ladrillos huecos y las placas de cartón yeso, conocidas popularmente como pladur. 
 
05. Instalaciones. 
 
Las instalaciones del edificio permiten a sus habitantes disponer de comodidades tales como agua corriente, evacuación de aguas sucias, electricidad, calefacción, etc. 
 
Su aplicación en la arquitectura popular se produjo en el siglo XX, siendo las anteriores elementos de escasa complejidad que podían consistir en un desagüe para evacuar el agua de alguna pila o fregadero o la evacuación de humos por medio de chimeneas. 
 
Las viviendas tradicionales que se construyeron sin apenas instalaciones, terminaron por incorporarlas de una manera u otra, siendo hoy muy extraño encontrar una vivienda que no disponga de las instalaciones básicas, independientemente de la edad que tenga. 
 
Evacuación de aguas. 
 
Para la evacuación de las aguas de lluvia se emplean canalones y bajantes de distintos materiales que, recogiendo éstas del borde del alero, las conducen a un punto de desagüe que evite salpicaduras y humedades en el interior de las viviendas. Es frecuente observar aleros de tejado que vierten directamente sus aguas a la calle, sin canalón que las recoja. Los materiales empleados antiguamente para la ejecución de estas piezas eran el plomo, el zinc o el cobre, a los que en la actualidad se han añadido el PVC y el aluminio. 
 
Para la evacuación de aguas sucias se crea una red de tubos y arquetas (uniones y registros) que recogen el agua proveniente de cocinas y baños y se canaliza hasta la red de saneamiento del municipio. Es de destacar que, cuando los ayuntamientos no ofrecían este servicio, las aguas sucias se vertían a pozos negros, propios de cada vivienda. Con el paso del tiempo, el aumento del número de pozos negros y la utilización de una mayor cantidad de productos químicos (detergentes, etc) ocasionaron la pérdida de la calidad de las aguas de los pozos que se utilizaban para beber. 
 
Suministro de agua. 
 
El suministro de agua en las viviendas es, también, muy reciente. Antiguamente, el agua necesaria en el hogar se obtenía de fuentes, manantiales, pozos o arroyos a los que había que ir a recogerla. Una vez en la vivienda, ésta se almacenaba en pequeñas cantidades para su uso. Muchas viviendas contaban, cuando esto era posible, con pozo propio que facilitaba la labor. En otras ocasiones, los edificios se dotaban de un pequeño aljibe en el que se recogía el agua de lluvia. 
 
La captación de aguas y su reparto por parte de entidades públicas permitió el abastecimiento de agua en cada vivienda situada en un núcleo de población. La distribución, en el interior de las viviendas, se realizaba por medio de tuberías de plomo, dada la facilidad de manejo de este material. Posteriormente, las tuberías se hicieron con caña de acero, cobre o, más recientemente, plástico