arquitectura popular española
Arquitectura civil. El Arco de Trajano. Mérida, Badajoz. 

Mérida es ejemplo de lo que era la capital de una provincia romana en la época del Imperio. Se fundó en el año 25 a.C., cuando el emperador Octavio Augusto, al final de su campaña en Hispania, creó la colonia Emérita Augusta para los soldados retirados de dos legiones veteranas de las Guerras Cántabras, que se asentaron en un poblado ya existente a cambio de que sus habitantes lograran la ciudadanía romana.
Arco de Trajano. Dibujo de Manuel Villena
Arco de Trajano visto desde el exterior del Foro
Frente del arco, desde la calle de Trajano.
Años más tarde, se convirtió en capital administrativa de la provincia romana de Lusitania, creciendo en importancia, riqueza y población, y llevándose a cabo un gran programa de edificios y obras públicas que la colocó entre las ciudades más destacadas. Los vestigios de la ciudad romana antigua, en bastantes ocasiones completos y bien conservados, comprenden el puente sobre el río Guadiana, el anfiteatro, el teatro, un amplio circo, templos y un amplio sistema de embalses y acueductos que la abastecía de agua. 

Durante el Bajo Imperio, el emperador Diocleciano reorganizó administrativa y políticamente el territorio del Imperio, creando la Diócesis Hispaniarum, cuya extensión abarcaba toda la península ibérica y gran parte de lo que hoy es Marruecos. Las tres provincias altoimperiales de Hispania -Baetica, Lusitania y Tarraconensis- se transformaron en cinco: Baetica y Lusitania mantuvieron sus territorios, mientras que la Tarraconensis se dividió en tres: Carthaginensis, Gallaecia y Tarraconensis. A ellas se sumó la Mauretania Tingitana del norte de África. La capital de la Diócesis Hispaniarum fue Augusta Emérita, la actual Mérida, muestra de su importancia en esa época. 

Plano de planta, alzado y sección del Arco de Trajano, según un dibujo realizado por Manuel Villena Moziño en el año 1791.
Con la caída del Imperio Romano de Occidente, Mérida sufrió incursiones de los pueblos bárbaros hasta el asentamiento definitivo de los visigodos. En el año 713, los musulmanes la invadieron tras más de un año de sitio, convirtiéndola en la capital de la Cora de Mérida, una de las demarcaciones territoriales más extensas de la península. Un siglo después, las rebeliones de los mozárabes contra el poder cordobés son aplastadas por tropas musulmanas, derribando gran parte de las murallas romanas y construyendo la Alcazaba durante el reinado de Abderramán II. 

A pesar de ello, Mérida siguió siendo la capital de la Cora -alternando dicha capitalidad con Badajoz según la época- y desde ella se administraba un vasto territorio que se extendía por la actual Extremadura y el sur de Portugal hasta el océano Atlántico. La economía de Mérida y de sus dominios fueron, al igual que su tamaño, unos de los mayores de este período, aunque su cercanía a la frontera cristiana les confería un carácter predominantemente militar. Con la disolución del Califato, la Cora se convirtió en la Taifa de Badajoz en el año 1013 hasta la invasión de los almorávides, que la eliminaron e incorporaron a su imperio en 1094. En 1119 Mérida perdió la categoría de Sede Metropolitana de la Iglesia cristiana, trasladándose a Santiago de Compostela.

Tras el repliegue de las tropas almorávides a causa de los ataques que sufrieron en su propia tierra, Marruecos, se producen sublevaciones y cambios de poder dentro de la España musulmana que dan lugar al nacimiento, en 1145, de la segunda Taifa de Badajoz durante un breve período que concluye en 1150 con su ocupación por parte de los almohades.  

La ciudad de Mérida fue reconquistada en 1230 por las tropas de Alfonso IX de León, convirtiéndose en sede del Priorato de León de la Orden de Santiago. Sin embargo, no recuperó la sede episcopal a causa de la negativa de los obispos compostelanos. De hecho, no comenzó a recuperar parte de su antiguo poder político hasta la época de los Reyes Católicos, gracias a su apoyo a la causa de la reina Isabel. Años después, Mérida contribuiría significativamente a la conquista de Ámerica. Su influencia fue en aumento, convirtiéndose durante el reinado de Felipe V en la capital de la Intendencia de sumismo nombre, que abarcaba un territorio similar al que hoy es Extremadura.  
Arco de Trajano. Detalle lateral izquierdo
Arco de Trajano. Lateral izquierdo
Detalle de los sillares de granito de la jamba izquierda del arco. El muro que separaba el foro del resto de la ciudad discurría por el solar que hoy ocupa el edificio de la izquierda.
Lateral izquierdo del arco, bajo el que Villena realizó las calicatas de 1791, a dos metros de profundidad bajo la acera que se ve en la foto.
Arco de Trajano. Basamento lateral derecho
Arco de Trajano. Lateral derecho
Calicata del basamento derecho del arco, con restos del solado de la vía que corría por delante del mismo.
Detalle del lateral derecho con la excavación realizada, de dos aproximadamente dos metros de profundidad.
El arco se construyó en una posición importante dentro de Emérita Augusta, sobre el Cardo Máximus, una de las dos calles principales de la ciudad romana. No se trataba de un arco de triunfo, posiblemente era la puerta de acceso desde éste al conjunto monumental del Foro Provincial construido en época del emperador Tiberio (14 - 34 d.C). Su denominación es arbitraria, dado que la inscripción conmemorativa que tuvo se perdió hace siglos. No tiene relación con el emperador Trajano (98 - 117 d.C), al ser anterior a éste. 
 
Sólo se conserva la estructura del arco central. Construida íntegramente con granito, consiste en dos arcos de medio punto independientes y paralelos, unidos entre sí por bloques rectangulares de unos 3,20 m de longitud colocados como dinteles formando una bóveda. Sus dimensiones principales son 14,00 m de altura; 5,70 m de anchura. La luz del arco es de 8,70 m. El monumento es de planta rectangular con dos vanos laterales internos con forma de U. Pertenece a la tipología de arcos con apertura central y accesos laterales secundarios. La puerta situada a la derecha se reconstruyó en la década de 1980. 
 
Su cimentación está realizada mediante en una sólida estructura de sillares de granito, de planta cuadrada o rectangular, bajo cada una de las jambas del arco e independientes entre sí. Se ha podido observar parte de la misma en la excavación del lateral derecho, oculta bajo el pavimento romano. El espacio situado entre ambas cimentaciones se rellenó con hormigón. 
 
Las cuatro jambas que sustentan el arco no se conservan en su totalidad, a causa del adosamiento lateral de edificios. La extensión originaria, correspondiente al macizo de estribo, sólo se ha podido deducir a partir del estudio de la modulación de la obra. Las jambas están atadas entre sí por muros perpendiculares formado una U. 
 
El arco estaba completamente forrado con placas de mármol que se han perdido, pero de las que se conservan los agujeros que dejaron las grapas que las sujetaban a las piedras de granito de la base. Además de estas placas de mármol, también se han perdido el resto de elementos que lo decoraban: cornisas, relieves, inscripciones y esculturas.

Arco de Trajano, vista superior
Vista superior, con sus dinteles monolíticos y restos de grapas. Las hiladas de las cinco primeras dovelas se hacen con varias piedras que sobresalen en su extradós
Restos del solado de mármol y molduras del mismo material sobre la base de granito, en el arranque descubierto por la excavación.
Arco de Trajano, visto desde el Foro
El artículo comienza con el dibujo de Manuel Villena, una de las primeras representaciones gráficas del arco de las que se tiene constancia. Por encargo del rey Carlos IV, Manuel Villena realizó un estudio muy interesante de las ruinas y excavaciones arqueológicas existentes entonces en varios sitios de la ciudad realizando levantamientos planimétricos y otros dibujos durante un período de tres años. 
 
Realizó dos dibujos del arco, uno datado en 1791 y el otro dos años después, en 1793. En la primera de ellas, que es la que se encuentra sobre estas líneas, el dibujante describe muy someramente el monumento en su parte superior: “Plano, elevación y perfil de un arco triumphal antiguo romano, llamado vulgualmte de Sntiago por allarce contiguo a una hermita de dho Apóstol en la ciudad de Mérida” y en una nota situada en el ángulo inferior derecho: “Nota. Que todo lo que se representa debajo de la superficie de la tierra señalada con las letras M.N. está totalmente enterrado; para mostrarlo hise la escavacion O hasta que encontre el socolo, y el empedrado antiguo romano como se manifiesta en el plano” 
 
El dibujo realizado en 1793 es más esquemático que el primero. Ambos son prácticamente iguales, aunque el segundo corrige al primero cuando detalla los elementos sobresalientes de la cara exterior del arco propiamente dicho, reflejando correctamente el “escalonamiento” que se puede observar en el arranque de las primeras hiladas de piedras que se corresponden con las cinco o seis primeras dovelas de cada lado del arco
 
Fotografía de la cara posterior del arco tomada desde la calle de Trajano en su cruce con la calle de Alvarado.
Arco de Trajano, arranque derecho
Arco de Trajano, arranque izquierdo
Arco de Trajano, zona central
Lateral derecho del arco, con la barandilla que protege la excavación realizada de la base del mismo.
Lateral izquierdo del arco, con el despiece de sillares. Dos jambas unidas por un muro de atado.
Desarrollo del arco en su lateral derecho. Se pueden observar los dinteles monolíticos de su zona superior.
Bibliografía sobre el Arco de Trajano 
 
Alba Calzado, M. – Fernández García, M.J. 1999: “Palabras e imágenes en la descripción de Emerita Augusta en autores de los siglos XVIII y XIX. (Apuntes sobre la etapa protoarqueológica en Mérida)”, Mérida Ciudad y Patrimonio. Revista de Arqueología, Arte y Urbanismo, Mérida 1999, Num. 3, pp. 177-204. 
Almagro Basch, M: 1983: “La topografía de Augusta Emerita”, C.E.E. VI, Madrid, pp.113-137. 
Álvarez Martínez; J.M. 1982: “El foro de Augusta Emerita”, Homenaje a Saenz de Buruaga, pp. 53-68, Madrid. 
Alvarez Sáenz de Buruaga, J. 1958: Mérida y los viajeros (siglos XII-XVI), Revista de Estudios Extremeños, XIV-2, III, pp. 5-17. 
Aquilué, X. – Dehesa, R. 2006: “ Los materiales arqueológicos de época romana y tardorromana procedentes de las excavaciones del denominado “Foro Provincial” de Mérida”, El “foro provincial” de Augusta Emerita: un conjunto monumental de culto imperial (P. Mateos Cruz Ed.), pp. 157-170. 
Arbaiza Blanco-Soler, S. – Heras Casas, C. 1998: “Fernando Rodríguez y su estudio arqueológico de las ruinas romanas de Mérida y sus alrededores (1794-1797)”, Academia Boletín de la Real Academia de bellas Artes de San Fernando, Madrid 1998, Num. 87, pp. 309-366. 
Berrocal Rangel, L. 1990: “Hipotesis sobre la reconstrucción del arco romano de Mérida”, Boletín de la Asociación Española de Amigos de la Arqueología, nº 29, pp. 62-66. 
Canto, A.M.2001: La arqueología española en la época de Carlos IV y Godoy. Los dibujos de Mérida de Don Manuel Villena Moziño 1791-1794, Madrid. 
De La Barrera, J.L. 2000: La decoración arquitectónica de los foros de Augusta Emerita, Roma. 
Duprè i Raventós, X. 2004: Las capitales provinciales de Hispania. Mérida. Colonia Augusta Emerita, Roma. 
Fernández y Pérez, G. 1893: Historia de las antigüedades de Mérida, Badajoz. 
Forner y Segarra, A.F. 1893: Antigüedades de Mérida, metrópoli primitiva de la Lusitania, desde su fundación en razón de Colonia, hasta el reinado de los árabes, Mérida. 
Gómez Bravo, I. 1638 (Ed. 1989, Mérida): Advertencias a la Istoria de Mérida, Florencia. 
Guillén, J.F. 1935: “Hallazgo de los planos de unas excavaciones en Mérida en el siglo XVIII”, Homenajea Mélida, Anuario del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, Madrid, 1935, Vol. III, pp.223-235 y lams.I-VII. 
Laborde, A. 1806: Voyage pittoresque et historique de l’Espagne, Paris. 
Laborde, A. 1826: Itinerario descriptivo de las Provincias de España, Valencia. 
Macías, M. 1929: Mérida monumental y artística, Barcelona. 
Mateos Cruz, P. 2004: “El templo de culto imperial de Augusta Emerita”, Simulacra Romae, pp. 129-147, Tarragona. 
Mateos Cruz, P. 2006 (Ed). .El “foro provincial” de Augusta Emerita: un conjunto monumental de culto imperial, Madrid. 
Mateos, P. – Pizzo, A. – Cordero, T. 2006: “Excavación arqueológica en el llamado “Arco de Trajano”, El “foro provincial” de Augusta Emerita: un conjunto monumental de culto imperial (P. Mateos Cruz Ed.), pp. 146-156. 
Mélida, J.R. 1925: Catalogo monumental de España, Provincia de Badajoz (1907-1910), Madrid. 
Mora, G. 2004: “Historia de la investigación”, Las capitales provinciales de Hispania. Mérida. Colonia Augusta Emerita (X. Duprè i Raventós Ed.), pp. 15-26. 
Moreno De Vargas, B. 1633 (ed. 1984): Historia de la ciudad de Mérida, Badajoz, 1984. 
Pizzo, A. 2005: “El llamado “Arco de Trajano” de Augusta Emerita: reflexión historiográfica y propuesta para un estudio arquitectónico”, Workshop di archeologia classica, 2005, pp. 39-70. 
Pizzo, A. 2006: “El ‘Arco de Trajano’, puerta de acceso al conjunto monumental: análisis histórico, arquitectónico y arqueológico’, El “foro provincial” de Augusta Emerita: un conjunto monumental de culto imperial (P. Mateos Cruz Ed.), pp. 207-250. 
Pizzo, A. 2006a: “Las técnicas constructivas del llamado ‘foro provincial’ de Augusta Emerita, El “foro provincial” de Augusta Emerita: un conjunto monumental de culto imperial (P. Mateos Cruz Ed.), pp. 277-296. 
Viu, J.D. 1852: Antigüedades de Estremadura, Madrid.