arquitectura popular española
Pueblos. Castrillo de los Polvazares, León.

Castrillo de los Polvazares es una población de la Maragatería, comarca situada en el cuarto suroeste de la provincia de León. Administrativamente, la localidad pertenece al municipio de Astorga, de cuyo núcleo la separan apenas seis kilómetros. El pueblo fue declarado en 1980 conjunto histórico-artístico debido a su magnífico estado de conservación, ejemplo de los municipios de la zona.
Castrillo de los Polvazares. Dr. López Satre
Castrillo de los Polvazares. Entrada
Detalle de un tramo de la calle del Dr. López Sastre, con una de las calles de servicio perpendidulares a ésta.
Acceso este a Castrillo de los Polvazares, con la calle del Dr. López Sastre, en una imagen tomada desde el puente que cruza el río Jerga.
Castrillo de los Polvazares. Vista aérea
Vista aérea del pueblo, con la amplia calle principal como elemento organizador en torno a la cual se suceden grupos irregulares de viviendas, pequeños ensanchamientos y calles transversales. Otro elemento principal en este tipo de configuraciún urbana de carácter lineal es la iglesia, rodeada por calles secundarias que comunican directamente con la principal, creando un pequeño núcleo añadido a la calle principal. Se indica, mediante una sucesión de puntos, el paso del Camino de Santiago a través del pueblo.
Castrillo de los Polvazares. Fachadas C/ Dr. López Sastre
Castrillo de los Polvazares. Fachadas Dr. López Sastre
Los huecos en fachada de las casas solían ser escasos y pequeños, tanto por la necesidad de proteger el interior del frío como por motivos de seguridad de las mercancias.
Varias fachadas en el espacio más ancho que marca el final del calle del Dr. López Sastre y el comienzo de la calle Real.
La comarca forma parte de la zona de transición situada entre la planicie del Páramo Leonés y los Montes de León, algo que desde antiguo favoreció su condición de paso de importantes caminos. Tanto Castrillo de los Polvazares como el núcleo urbano de Astorga se encuentran a una altitud de 870 msm, en un territorio de la cuenca del Duero que presenta un relieve con suaves pendientes entre la parte occidental, con sierras y valles de fondo plano y la amplia llanura del río Tuerto, afluente del Órbigo, en su parte oriental. También es importante el río Jerga, afluente del primero y que riega los huertos de Castrillo. Son ríos que se caracterizan por un caudal irregular, muy reducido en verano y con crecidas en otoño, invierno y parte de la primavera debido a las lluvias y a la fusión de las nieves. 
 
El clima de la Maragatería, considerado como una transición entre el oceánico y el mediterráneo, tiene inviernos fríos con frecuentes heladas y veranos secos y cálidos. Las lluvias se dan al final del otoño, durante el invierno y al comienzo de la primavera, con una precipitación media anual que supera los 400 l/m2. Dentro de sus características geológicas, destaca la abundancia de áridos naturales y arcillas, utilizadas para la elaboración de materiales cerámicos, además de piedras de cuarcitas, areniscas y pizarras, todas ellas muy aprovechadas en la construcción. Entre su flora predominan los rebollos, las encinas y los pinares de repoblación, además de chopos, álamos y sauces en las vegas de los ríos o matorrales de romero o jara en laderas de solana sin manto arbóreo, estando el resto del territorio dedicado a cultivos, predominantemente de secano. 
 
La Maragatería, antiguamente conocida como comarca de la Somoza, cuenta con numerosos restos arqueológicos desde la prehistoria. Varios petroglifos de más de cinco mil años de antigüedad o el reciente descubrimiento de un menhir la incluyen en el área de las culturas megalíticas peninsulares. También hay varios poblados de la Edad del Hierro. Quinientos años antes de la conquista romana, la zona estaba poblada por los amacos, una tribu de celtas astures asentada en varios castros y que rendía culto a un dios señor del monte Teleno, lugar al que consideraban sagrado. Los primeros contactos con romanos se dieron durante el siglo II a. C., intensificándose durante el siglo siguiente. Tras las Guerras Cántabras (29 a.C -19 a.C) y el sometimiento por parte de los ejércitos romanos de los astures, todo el territorio de la actual Maragatería y comarcas próximas se reorganizó en torno a un importante campamento romano -Legio X Gemina- construido posiblemente sobre un antiguo asentamiento astur, que dio paso tras la pacificación de la zona a la ciudad de Asturica Augusta, la actual Astorga, de gran importancia gracias a ser punto de unión de distintas calzadas romanas del noroeste peninsular y a los yacimientos auríferos cercanos. De esta época quedan restos arqueológicos tanto de distintas minas de oro próximas al Teleno como de una villa romana cercana a la vecina Santa Colomba de Somoza que demuestra de la explotación agrícola organizada establecida en las vegas de los ríos en la zona. Los romanos asimilaron al dios indígena del Teleno con el dios Marte. 

Castrillo de los Polvazares. Inicio calle Real
Castrillo de los Polvazares. Plazoleta
Fachadas al inicio de la calle Real, empedrada en el siglo XIX
Calle del Dr. López Sastre desde la calle Real.
Castrillo de los Polvazares. Iglesia desde calle Real
Castrillo de los Polvazares. Cornisa
Las cornisas se hacen con losas de pizarra, en este caso se añaden canecillos de piedra.
La espadaña de la iglesia del pueblo vista desde la calle Real. 
Castrillo de los Polvazares. Vista calle Real
Castrillo de los Polvazares. Fachadas con arcos
Vista general de la calle Real hacia el Este. Su anchura es mayor para permitir el paso, maniobra y parada de los carros.
Fachada en la calle Real, con arcos de medio punto correspondientes a construcciones levantadas en el siglo XIX. La sobriedad de las fachadas destaca en todo el pueblo.
Asturica Augusta fue la capital del Conventus Asturicensis, una división judicial romana (conventus) de la provincia Tarraconense que administraba los actuales territorios de León y Asturias y parte de Zamora, Lugo, Orense y la portuguesa Tras os Montes, por lo que fue el principal núcleo receptor del oro que se extraía del importante yacimiento de Las Médulas. Su decadencia comenzó con el fin de esta explotación minera durante el reinado de Diocleciano, a finales del siglo III principios del IV. Tras la caída del Imperio Romano, la zona se vio ocupada por los suevos, que la sometieron a frecuentes destrucciones y saqueos, repetidos durante los siglos V y VI por los visigodos cuando arrebataron el poder a los primeros. Durante esta época, la ciudad de León cobró el protagonismo perdido por Astorga. 
 
A principios del siglo VIII, con la invasión musulmana, tanto la comarca y como su capital sufrieron el ataque del ejército de Táriq, que dejó destruida gran parte de Astorga y núcleos aledaños con el consiguiente desplazamiento de un elevado número de sus habitantes a zonas más seguras del norte. Tras el nacimiento del reino de Asturias y su avance hacia el sur, la zona fue reconquistada a mediados de ese mismo siglo, aunque permaneciendo un largo período de tiempo abandonada hasta que fue reconstruida y repoblada a partir del 850. De la importancia que volvió a tomar la comarca es muestra el hecho de que Astorga llegó a ser capital del incipiente Reino de León durante los primeros años de la década del 910. Desde el siglo XI, el Camino de Santiago facilitó el desarrollo tanto de Astorga como de su comarca.  
 
Con la recuperación del comercio a partir de la Baja Edad Media y siglos posteriores, la estratégica posición geográfica de la Maragatería favoreció notablemente el desarrollo de su economía mediante el comercio de diversos productos entre el interior de la península y Galicia por parte de arrieros que transportaban todo tipo de bienes, principalmente vinos, salazones de pescado y carbón desde las provincias gallegas y de la costa cantábrica hacia la meseta y embutidos y productos de secano en sentido contrario. El transporte se realizaba con carros tirados por mulas. Los arrieros maragatos obtuvieron del rey Enrique II de Castilla, en 1367, la dispensa del pago de portazgo de sus mercancías, lo que hizo que otros muchos arrieros se establecieran en la comarca. Siglos después, se les encomendaría el transporte del oro proveniente de las Indias desde los puertos de entrada hasta la Corte por la seguridad y confianza que en ellos depositó la Corona. 
 
Los beneficios obtenidos por los arrieros maragatos con su comercio se incrementaron entre los siglos XVI y XIX. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, con la llegada del ferrocarril a Astorga, el comercio e influencia de los arrieros maragatos decayó notablemente hasta su desaparición. 

Castrillo de los Polvazares. Fachada blasonada
Castrillo de los Polvazares. Portones adintelados
Las barandillas de forja en los balcones son elementos introducidos a partir del siglo XIX por los propios arrieros que los hacían traer de otras comarcas.
Fachada en la calle Real, con portones adintelados. La disposición de los huecos en fachada obedece normalmente a la situación de las distintas piezas interiores.
Castrillo de los Polvazares. Iglesia de San Juan Bautista
Castrillo de los Polvazares. Calle secundaria
La iglesia de San Juan Bautista, con la espadaña en sus pies. Los volúmenes de este edificio y los del resto del pueblo son sencillos y cuentan con mínimos elementos de adorno, como el recercado de los huecos o el color de sus carpinterías.
Calle secundaria del pueblo, en el núcleo que rodea a la iglesia. El color característico de las fachadas se debe a la piedra utilizada y al uso de arena arcillosa mezclada con cal como argamasa y rejuntado.
Los habitantes de Castrillo de los Polvazares eran, en su mayoría, arrieros maragatos. Sus casas se construían y organizaban en función de su actividad, con grandes portones para permitir el paso de carros y amplios patios interiores en torno a los que se organizaban las distintas dependencias de las viviendas, entre ellas almacenes, cuadras o bodegas. El pueblo se trasladó a su ubicación actual en el siglo XVI, reconstruyéndose tras unas riadas que asolaron su núcleo original situado en un emplazamiento más expuesto. Su época de mayor prosperidad fue el siglo XVIII, cuando en el pueblo se construyó un mayor número de casas y se empedró la calle principal para facilitar la circulación de los carros. 
 
La estructura urbana del pueblo consiste en una aglomeración de construcciones dispuestas irregularmente que adopta como elemento principal de crecimiento y organización la propia carretera, convertida en amplia calle. El otro elemento que forma el pueblo es la iglesia, en torno a la cual se disponen dos o tres calles paralelas a la principal que se comunican directamente con ésta o bien a través de calles transversales de menor tamaño. En el caso de Castrillo, la iglesia, dedicada a San Juan Bautista, de una nave amplia con crucero y volumetría sencilla, cuenta a sus pies con una gran espadaña con doble campanario. Se trata de una tipología repetida en distintas poblaciones de la comarca. 

Castrillo de los Polvazares. Huecos ladrillo
Castrillo de los Polvazares. Casas
Una de las calles transversales, más estrecha. Los huecos de las ventanas se ejecutan con ladrillo, en este caso pintado de blanco.
Calle Real, con elementos de distintas alturas formando parte de una misma casa que forma esquina con una calle transversal.
Castrillo de los Polvazares. Arcos
Castrillo de los Polvazares. Calle transversal
Arcos de piedra y balcones con cerrajería metálica y blasones en la calle Real.
La calle Real, al fondo, vista desde una de las calles perpendiculares.
Antiguamente, la casa maragata era similar a la de comarcas limítrofes: casas circulares y aisladas con cubierta de paja de centeno. A partir del siglo XVII el programa de la casa se adapta a la actividad arriera, con patios a los que pueden acceder los carros para protegerlos y guardar sus mercancías. La casa se divide en dos plantas, quedando en la planta inferior la cocina y la sala principal, además de las dependencias auxiliares, mientras que en la planta superior se disponen los dormitorios a los que se accede por un corredor, a veces volado y otras apoyado sobre pies derechos, que abre al patio. Hacia la calle destaca el portón, de tamaño suficiente para permitir el paso de los carros hasta el patio a través de un gran zaguán cubierto. La puerta principal, correspondiente a dicho portón, se adintela con piedra o madera. En bastantes ocasiones, especialmente a partir del siglo XIX, el dintel se sustituye por un arco de medio punto realizado con dovelas de sillería.  
 
Los muros, de mampostería de piedra bien dispuesta, se realizan en espesores comprendidos entre los 50 y 80 cm. Las esquinas se refuerzan con piedras de mayor tamaño y mejor labradas, muy similares a sillares. Algunas se protegían del paso de los carros mediante una piedra sobresaliente que impedía el roce entre aquellos y la fachada. El aspecto exterior de las casas es de un característico color rojo, debido al propio color de la piedra empleada y a que su rejuntado se realiza con una mezcla de cal y arena arcillosa. Las casas contaban con pocos y pequeños huecos, tanto para proteger del clima exterior como por motivos de seguridad. Posteriormente, los huecos aumentaron en número y tamaño, recercándose con ladrillo bien cocido. En otras ocasiones se emplean también piedras de mayor tamaño y labra regular como jambas y dinteles en la formación de los huecos. El alero se suele realizar con losas voladas de pizarra, empleándose en ocasiones canecillos de piedra para su apoyo y junta. También se observan aleros de madera. 
 
Las cubiertas, a dos o a cuatro aguas, son de teja árabe que apoya sobre una estructura de madera. En otros pueblos se utiliza la losa de pizarra como elemento de cubrición. En el caso de las cubiertas a dos aguas, los hastiales se rematan con el vuelo de losas de pizarra o de la propia teja. En algunas ocasiones se observan hastiales escalonados, similares a los utilizados con las antiguas cubiertas de paja
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Castrillo de los Polvazares. Casa en calle Juan Botas Roldán
Castrillo de los Polvazares. Pajares y establos
Fachada de una gran casa en la calle de Juan Botas Roldán.
Calle transversal al final de la calle Real, con acceso a pajares y establos.
Castrillo de los Polvazares. Calle Juan José Cano
Castrillo de los Polvazares. Casas en calle Juan José Cano
Fachadas de la calle de Juan José Cano, con la calle Real al fondo.
Comienzo de la calle de Juan José Cano desde la calle Real.
Castrillo de los Polvazares. Casa calle Juan José Cano
Castrillo de los Polvazares. Final calle Juan José Cano
Vivienda en la calle de Juan José Cano. Pocos huecos en fachada, arco de medio punto correspondiente al siglo XIX, cornisa de losas de pizarra y canecillos de piedra, con un pequeño vuelo sobre el balcón. Se puede también observar el hastial escalonado.
Final de la calle de Juan José Cano, zona de mayor anchura del eje del pueblo. El Camino de Santiago que cruza el pueblo continúa desde aquí hacia Ponferrada.