arquitectura popular española
Arquitectura religiosa. Ermita románica de San Frutos, Carrascal del Río, Segovia. 

A pocos kilómetros de Sepúlveda, en las hoces del río Duratón, afluente del Duero, se encuentra la ermita románica de San Frutos, antiguo Priorato de San Frutos, restos de un antiguo monasterio construido en un promontorio sobre uno de los meandros encañonados del río. La zona mejor conservada es su iglesia, muy sobria en decoración, compuesta por una sola nave y de muros de sillares, bien ejecutados. La ermita puede visitarse durante todo el año.

Ermita de San Frutos. Puente de acceso
Ermita de San Frutos. Vista general
Un pequeño puente de piedra, que se puede observar en primer término de la imagen, permite el paso al monasterio.
Vista general del monasterio y su entorno natural. Un profundo cortado, conocido como La Cuchillada, aísla el promontorio sobre el que se emplaza.
Ermita de San Frutos. Hoces del Duraton
Ermita de San Frutos. Fachada principal
El cañón del río, visto desde el acceso al monasterio.
Frente principal del conjunto, con la entrada al mismo y los ábsides de la iglesia.
Declarada Monumento Nacional en junio de 1931, la ermita se construyó en el siglo XII sobre una anterior, visigoda, del siglo VII, cuya fundación se atribuye a San Frutos (642 - 715), patrón de la provincia de Segovia, y sus hermanos, San Valentín y Santa Engracia. Sobre ésta hay constancia de un pequeño cenobio que el rey Alfonso VI entregó en 1076 al Monasterio de Santo Domingo de Silos. Siglos después se levantó un monasterio y se añadió un cementerio. La zona de las Hoces del Duratón, con numerosas cuevas y escarpados roquedos, tiene una larga tradición eremítica anterior incluso al siglo VI. 
 
El acceso al promontorio sobre el que se encuentra la ermita se realiza a través de un pequeño puente de piedra construido en 1757 que salva un abrupto cortado conocido como La Cuchillada. Según la tradición esta profunda grieta fue abierta milagrosamente por el santo con su bastón para detener a los musulmanes y proteger a los cristianos que pedían su ayuda. 
 
Al pie de su ábside y practicadas en la piedra base hay varias tumbas correspondientes a una pequeña necrópolis del siglo X, tras la reconquista de la comarca por Fernán González, o incluso anterior, que fueron reutilizadas por los monjes del monasterio. en la explanada que hay entre éste y acantilado se encuentra el cementerio junto a una modesta construcción, en la que, según la tradición, estaban las tumbas del santo y de sus hermanos, hoy vacías.
Ermita de San Frutos. Planta
Planta general del monasterio, con la iglesia en su zona noreste. El sur coincide con el lado inferior del dibujo. Las dependencias situadas al lado del acceso fueron las últimas ocupadas por los frailes.
Ermita de San Frutos. Espadana
Ermita de San Frutos. Necropolis
Espadaña de la iglesia, en el acceso al conjunto
Restos de las tumbas de la necrópolis situada a los pies del ábside.
Ermita de San Frutos. Fachada sur de la iglesia
Ermita de San Frutos. Puerta sur cegada
Muro sur de la iglesia, realizado en sillar y reforzado con contrafuertes de distintas alturas.
Detalle del muro sur de la iglesia, con una puerta cancelada y varios contrafuertes.
El conjunto estuvo en uso hasta 1834, año en que los monjes benedictinos que lo habitaban tuvieron que abandonarlo debido a la desamortización de Mendizábal. Este hecho y un incendio ocurrido en el siglo XIX acabaron arruinando la mayor parte de los inmuebles que lo componían.

La iglesia se comenzó a construir en el año 1093 y fue consagrada en el año 1100, según reza una inscripción en la nave. Se atribuye a un monje llamado Miguel siendo el abad Fortuno. Es de una sola nave de, aproximadamente, ocho metros de ancho con dobles arquerías ciegas a sus lados que se levantan sobre pequeñas columnas y está cubierta con una bóveda de cañón con arcos fajones y doble arco de acceso al ábside de cabecera ligeramente rebajado. 
 
Se reformó durante el siglo XII, ampliándose el ábside central, y añadiéndose dos laterales. Se levantó una galería, hoy arruinada. También se abrió una puerta a los pies, de un solo arco adornado con arquivoltas, en un plano que sobresale del muro de fachada enmarcado por una baqueta y protegido por un tejadillo. Sobre ambos hay un ventanal que se hizo a la vez que el templo. La puerta situada en el muro lateral es más pequeña, hoy cegada, y también original. 
 
La decoración es muy sobria, localizada en capiteles y canecillos, limitándose a motivos geométricos y vegetales, líneas de taqueado y alguna descripción de escenas religiosas, siempre sencilla.
Ermita de San Frutos. El rio Duraton desde el recinto
Ermita de San Frutos. Canecillos de la iglesia
Las hoces del río Duratón fotografiadas desde el promontorio de la ermita de San Frutos.
Detalle de la cornisa y canecillos románicos de la iglesia.
Ermita de San Frutos. Interior de la iglesia
Ermita de San Frutos. Fachada oeste de la iglesia
Interior de la iglesia, bóveda de cañón con arcos fajones sobre pilastras, triple arco en la cabecera y una imposta de taqueado. Se observan los tirantes de refuerzo.
La iglesia, vista desde las ruinas del antiguo monasterio. Las cubiertas del resto del conjunto están derruidas, quedando sólo parte de los muros del recinto
Con el paso del tiempo, parte de la cabecera ha sido modificada. Cuenta con un gran ábside románico, casi del mismo ancho que la nave. A su izquierda hay otro ábside de menor tamaño. El de su lado derecho se ha perdido y hoy hay una espadaña en su lugar. Además de la iglesia y unidos a ésta, hay restos de lo que fue un pequeño monasterio y edificaciones auxiliares construidos en diversas épocas y hoy en ruinas. La bóveda de cañón de la nave de la iglesia está reforzada con arcos fajones que descansan sobre pilastras.

En la zona exterior del muro, los contrafuertes se corresponden con la posición de las pilastras. Posiblemente debido a una falta de sección de estos últimos y a la degradación de la bóveda con el paso del tiempo, los muros han debido ser atados mediante tirantes de acero colocados a la altura de la imposta interior y emparejados con los contrafuertes. Tres cables han bastado para atirantar los muros y evitar así que el daño vaya a más.
Ermita de San Frutos. Restos del monasterio
Ermita de San Frutos. Acceso al monasterio
Restos de la zona donde se hallaba la portería, dormitorios y refectorio.
Vista desde el patio del arco de acceso a la zona del monasterio desde el exterior. 
Ermita de San Frutos. Restos del monasterio, detalle puerta
Ermita de San Frutos. Restos del monasterio, detalle
Arco de paso a las dependencias interiores del monasterio, a los pies de la iglesia, sin uso antes del abandono total del mismo.
Los muros de las fachadas del monasterio son de sillar, mientras que algunos interiores se realizaron con mampostería. 
La ermita se encuentra en el Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, paraje protegido que comprende el entorno de las hoces que este río tiene en su curso medio. Estas son el cañón que el Duratón, afluente del río Duero, ha excavado en una zona de roca caliza entre las localidades de Sepúlveda y Burgomillodo, al noroeste de la provincia de Segovia. El río discurre durante 27 km encajonado en el cañón que ha excavado en el sustrato calizo. En el último tercio de este recorrido traza meandros con paredes que alcanzan los 100 metros de altura en algunos puntos y sirven de lugar de nidificación a muchas especies de aves, especialmente buitres. Se distinguen tres ambientes distintos. La parte alta está ocupada por páramos donde abundan sabinas y enebros, muy afectados por la intervención del hombre. Existen también poblaciones de pinos resineros asentadas sobre sustrato arenoso. El fondo del cañón, a excepción de la zona inundada por el embalse, está ocupado por un bosque de ribera compuesto por sauces, chopos y alisos entre otras especies. Las paredes de los cortados rocosos dan sustento a una vegetación propia de la roca, adaptada a la escasez de suelo y agua.