arquitectura popular española
Caminos. Ponte Mandrás sobre el río Barbantiño. Ponte Mandrás, San Cristovo de Cea, Orense. 

Ponte Mandrás es un puente del antiguo camino real que une Orense con Santiago de Compostela. Está situado a la entrada de la aldea del mismo nombre, Ponte Mandrás, perteneciente al concello de San Cristovo de Cea, en la provincia de Orense. Ha permitido durante siglos cruzar el río Barbantiño, aunque hoy en día sólo lo utilizan los vecinos de la zona o los peregrinos del camino sanabrés.
Ponte Mandrás, calzada del puente
Ponte Mandrás, sobre el río Barbariño
Detalle de la calzada del puente en su zona central, con las losas de granito que cubren su suelo y los antepechos a ambos lados.
Ponte Mandrás, antes de entrar a la aldea de su mismo nombre, viniendo de Orense. Se aprecia perfectamente el perfil alomado de la construcción, debido a la altura de su arco.  
Este camino, de origen bajomedieval, fue una importante vía de comunicación de mercancías desde el siglo XIII hasta principios del XX, momento en que cayó prácticamente en desuso debido a la competencia de caminos alternativos de mayor capacidad.  
 
Durante la Edad Media, los puentes se construyeron en Galicia con una importante falta de presupuesto que afectó tanto a la calidad de su estructura como, posteriormente, a su vida útil. La escasa financiación disponible, normalmente aportada por la Iglesia, generó problemas tanto en su previsión como en su construcción y posterior mantenimiento ante la escasez de medios con los que se contaba.  
 
Si se comparan con obras de similar tamaño y características hechas durante la dominación romana, se advierte que los sillares de los puentes medievales son de menor tamaño y están peor labrados, algo que ocasionaba deformaciones en el mismo instante de retirar las cimbras que se utilizaban para su ejecución, un problema que no se daba en los puentes romanos.  
 
La cimentación también se veía afectada por la falta de dinero, motivo por el que los puentes medievales solían tener asentamientos importantes debido a que no se alcanzaba la profundidad necesaria para encontrar un firme que resistiera el esfuerzo de sus estribos laterales o de sus pilas, en el caso de que tuviera dos o más tramos. Para evitar este problema, era habitual que sus constructores buscaran una base de piedra vista en la orilla del rio o aprovecharan los cimientos de antiguos puentes romanos.  
Ponte Mandrás, lateral del puente
Vista lateral del puente, desde la entrada a la aldea, desde la que se puede comprobar la importancia del estribo en relación con el resto de la obra. Los  lienzos de piedra se  encontraban cubiertos de vegetación cuando se  hicieron las fotografías. 
Ponte Mandrás, arco
Ponte Mandrás, arco del puente
El arco salva una luz de diez metros y medio, con una altura de seis desde el cauce del río, que obliga a dar pendientes a su calzada.
Vista lateral del puente, desde la entrada a la aldea, desde la que se puede comprobar la importancia del estribo en relación con el resto de la obra 
Otro problema era la falta de previsión de crecidas o, incluso, el no considerar datos tan importantes como las diferencias de nivel y caudal de las aguas del río a lo largo del año, algo que obligó a construir aliviaderos una vez terminada la obra para evitar que los naturales y esporádicos incrementos de caudal arruinaran el puente por falta de vanos. 
 
Visto lo anterior es fácil suponer que la solución preferida por los constructores medievales fuera el puente de un solo arco siempre que fuera posible. De esta manera, sólo eran necesarios dos apoyos, los estribos de cada extremo, que sostenían los terraplenes que conducían al puente, evitando la necesidad de construir pilas, apoyos intermedios situados en el propio cauce del río cuando el puente contaba con dos o más arcos y que, lógicamente, eran de elevado coste y dificultad.  Por todo lo anteriormente expuesto, los puentes medievales fueran degradándose durante siglos, hasta que el Estado asumió su mantenimiento y reparación en la segunda mitad del siglo XVIII, época en la que muchos de ellos fueron reparados y reformados.
Ponte Mandrás, arranque del estribo derecho
Ponte Mandrás, arco y estribo derecho
Arranque del estribo derecho, apoyado sobre una base de piedra vista.
Estribo derecho y arco del puente
Ponte Mandrás, dovelas del arco
Ponte Mandrás, estribo derecho
Vista inferior del arco del puente, con las dovelas perfectamente alineadas.
Otra imagen del estribo derecho, cubierto por distinta vegetación.
Ciñéndonos al caso de Ponte Mandrás, el puente medieval original, construido en el siglo XIII, fue reformado en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando el Intendente General de Galicia, José de Avilés, ordenó la reforma de su único arco y financió las obras. El puente actual es de un único arco de medio punto que salva la considerable luz de, aproximadamente, diez metros y medio con una altura en su clave de poco más de seis. Su ancho total es de tres metros, que permite ancho de paso de dos metros y medio descontado el espesor de sus pretiles. Considerando los estribos y zonas de acceso, la longitud total de la obra supera los cuarenta y cinco metros. El arco, al igual que el resto del puente, está ejecutado con piedra de granito en piezas regulares, bien labrado y de buen tamaño, lo que hace pensar que la reforma del siglo XVIII supuso más una reconstrucción completa. Las dovelas del arco forman hiladas rectas y ancho constante, en las que sólo varía el número de bloques.  
 
Los lienzos de ambos estribos, de planta rectangular y prácticamente iguales en ambas orillas, están construidos con sillares también de buena labra y tamaño, lo que les confiere una gran solidez. La calzada del puente está alomada a causa de la elevada altura del arco, siendo su pendiente hasta el centro moderada. Está formada por grandes losas de granito, aunque es habitual que estén cubiertas por arena y grava especialmente en la zona de sus estribos, donde hay una importante acumulación de ambas. Se protege con dos antepechos de setenta y cinco centímetros de altura, formados por tres filas de bloques de piedra, la última de ellas rematada en bocel. En uno de ellos, se lee una inscripción realizada durante la reforma del siglo XVIII 
Ponte Mandrás, desde la aldea
Ponte Mandrás, detalle dovelas del arco
Vista del puente desde la entrada a la aldea, con la pendiente de su calzada hasta el punto central y unas piedras adornando el comienzo de sus pretiles, hecho de una sola pieza.
Detalle del encuentro de las dovelas del arco con los sillares del muro lateral de uno de los estribos, con una ejecución bien realizada.