arquitectura popular española
Varios. Vinoteca O Beiro, Santiago de Compostela. 

Cerrada en octubre de 2015, la vinoteca O Beiro era uno de los locales con más tradición de Santiago de Compostela. Su ambiente, su decoración y su amplia carta de vinos la hicieron diferente e inolvidable para quienes alguna vez pasaron a ella. Se encontraba en una de las calles más antiguas y conocidas de la capital gallega, la rúa da Raíña, que arranca de la misma Catedral y corre paralela entre la rúa do Franco y la rúa do Vilar. Traducida al castellano como calle de la Reina, recibe este nombre porque hubo en ella una pequeña posada en la que se albergó la reina Santa Isabel de Portugal durante un viaje de peregrinación que hizo alrededor de 1330 haciéndose pasar por una mendicante más.
Fachada de la vinoteca O Beiro
Rua da Raiña, en Santiago de Compostela
El local de la vinoteca pertenece a un inmueble construido a principios del siglo XX. Su estrecha fachada, realizada con sillares de granito, sólo permitía la apertura de dos vanos en planta baja. El resto de plantas son viviendas.
Primeros números de la rúa da Raiña, muy cercanos a la esquina con la rúa de Fonseca, al lado de la Catedral de Santiago. La calle, situada en pleno centro de la ciudad, es una conocida zona de bares y resturantes.
O Beiro, mostrador de la tienda
O Beiro, entrada al establecimiento
Entrada al local. La tienda de O Beiro estaba en este primer espacio, dedicado exclusivamente a la venta de productos gallegos al por menor. 
La tienda contaba con un mostrador y estantes donde se exponían botellas de vino. El paso a la taberna posterior se realizaba a través del hueco que se ve al fondo. 
Desde hace décadas, la rúa da Raíña es una de las más visitadas en Santiago por quienes, además de visitar la ciudad, desean conocer y disfrutar la gastronomía gallega, especialmente sus tapas y vinos, contándose muchos bares, tabernas y restaurantes entre los locales abiertos en todo su recorrido.
 
El local que albergó a la vinoteca O Beiro, hoy convertido en una pulpería, está a siete metros de la esquina de la calle con la rúa de Fonseca, que cierra el paño sur del claustro de la Catedral uniendo la Plaza de las Platerías con la anteriormente citada rúa do Franco, concretamente en su tercer número. Es un local en planta baja, con suficiente altura interior como para permitir una entreplanta que ocupaba y ocupa su parte trasera. Pertenece a un edificio construido a principios del siglo pasado en una parcela que va desde la rúa da Raíña a la rúa do Vilar, con frente y acceso por ambas. Su fachada a Raiña, hecha con sillares de granito al igual que muchos de los inmuebles de Santiago, es breve y alta, con apenas seis metros y medio de anchura, correspondiendo al local toda su longitud. Tiene dos vanos iguales que abren a la calle, con carpinterías de madera pintadas de verde y acristaladas en tres cuartos de su altura, que eran utilizados uno como escaparate y el otro, situado a la izquierda, como único acceso. La parte superior de estos vanos permitía, por su altura, la continuación de las carpinterías inferiores, acristaladas y protegidas por sendas rejas para permitir la entrada de luz y su ventilación.
 
De la calle se accedía a una sala, la tienda, que ocupaba aproximadamente una tercera parte de la planta del local y que disponía de toda la amplitud de su altura. En ella se encontraban varios expositores y un mostrador donde se despachaban los productos en venta a todo aquél cliente que pasaba sólo a comprarlos para luego volver a salir. Tras esta sala se podía entrar a una estancia que ocupaba el resto del local, aunque de menor altura pues compartía ésta con la entreplanta situada sobre ella. Se trataba de una pequeña taberna con su propia barra para servir vinos, el principal producto de un negocio que contaba con más de mil referencias de vinos de distintos países del mundo y una carta con cincuenta de ellos, principalmente gallegos, para servicio por copas, además de destilados, orujos, etc. Buena parte de sus muros estaba decorada con las propias botellas colocadas en expositores de madera y vidrio. Su suelo, de grandes y desgastadas losas de granito, contrastaba con el color de la madera de las vigas y entablados del forjado que la cubría y servía de suelo del pequeño comedor de la entreplanta, creando un espacio único y entrañable, casi hogareño. Una pequeña escalera de madera, que arrancaba del paso de la tienda a la taberna, permitía subir al comedor superior, un altillo donde se podían consumir en grupo tapas típicas y pequeños platos de un amplio surtido de quesos gallegos, empanadas, embutidos u otros alimentos ya preparados, como conservas, para acompañar a los vinos. De vez en cuando se realizaban cursos y catas públicas patrocinados por alguno de los consejos reguladores gallegos -Riberio, Valdeorras, Rías Baixas, Monterrei o Ribeira Sacra- de denominación de origen, clubes o profesionales vitivinícolas, buena muestra de la importancia que O Beiro alcanzó entre los entendidos en vinos.
O Beiro, escalera a entreplanta
En el paso de la tienda a la taberna que había en la zona posterior de la planta baja se encontraba la pequeña escalera de madera que subía a la entreplanta situada sobre ésta y en la que había un comedor donde se podían hacer reuniones y comidas en grupo. 
O Beiro, vigas y forjados de madera
O Beiro, entrada a taberna posterior
Grandes vigas de madera sujetaban el forjado de la entreplanta.
El paso de la tienda vista desde la taberna con la escalera a la izquierda. 
El suelo de la taberna era de losas de granito.
Rincón de la taberna, con mesas para los clientes.
La vida O Beiro comenzó en 1930 y abarcó tres generaciones de la familia Martínez. El abuelo del último propietario, un maestro de cerámica para la construcción al frente de una pequeña fábrica en Ribadavia, al suroeste de Orense, y que era hijo de unos productores de vinos de Ribeiro afincados en la parroquia de Beiro, próxima a la primera y de la que el negocio tomó su nombre, se vio en la obligación que buscar un local para vender el exceso de vino que se produjo tanto en la cosecha de 1929 como en la del año siguiente y que amenazaba con arruinar a su familia. Para ello se desplazó a La Coruña, sin encontrar ninguno que pudiera satisfacer sus necesidades. Durante el viaje de vuelta a Orense tuvo que cambiar de tren en Santiago y aprovechó el tiempo del transbordo para pasear por la ciudad, encontrando de manera casual el local y apalabrando su alquiler con el propietario ese mismo día. 
El expositor de botellas iba desde la tienda hasta el fondo de la taberna. 
Todo el muro derecho de la taberna estaba cubierto por un expositor.
Escalera de subida al comedor superior. 
La pequeña barra que atendía a la taberna del local.
En poco tiempo, O Beiro abrió como casa de comidas y el problema de la sobreproducción de vino quedó resuelto con la venta de barricas a otros locales que, dada su calidad, terminaron siendo un gran número. Precisamente el hecho de suministrar vino de ribeiro a tantos otros locales fue el motivo de que, una vez terminada la necesidad de vender el exceso de vino, el negocio se mantuviera dada la costumbre que había en aquellos años de que los bares no pagaran las barricas de vino servidas hasta que recibieran las siguientes, lo que obligó a continuar el suministro durante varios años, tomando finalmente la decisión de mantener la casa de comidas.
 
El negocio permaneció sin cambios hasta finales de los años ochenta, cuando su hijo transformó la antigua casa de comidas en una vinoteca que terminó por convertirse en una referencia de la ciudad a base de trabajo y dedicación, siendo años después dirigida por el nieto del fundador.  
 
O Beiro cerró en octubre del año 2015 debido al fin de los contratos de renta antigua, motivo que también supuso la muerte de varios antiguos y conocidos negocios de Santiago y de otros muchos lugares de España 
La tienda vista desde el comedor superior.
Vista del comedor superior, una zona pensada para atender reuniones de  pequeños grupos de personas duplicndo el espacio de la taberna inferior.
El altillo que albergaba el comedor, con el hueco de la escalera en primer término y la barandilla hacia la tienda a la derecha de la imagen.