arquitectura popular española
Viviendas. La arquitectura de las sierras de Béjar y Francia, Salamanca

Situada en el Sistema Central, al sur de la provincia de Salamanca, cuenta con un importante patrimonio histórico, cultural y natural. Repoblada entre los siglos XII y XIII, sufrió una importante caída demográfica en el último tercio del siglo pasado que actualmente se ha conseguido frenar gracias a su gran interés turístico. Su arquitectura tradicional se adapta a los rigores de su clima, dando lugar a pueblos compactos y sólidas construcciones.
 
Declarada por la Unesco Reserva de la Biosfera en 2006, la comarca que comprende ambas sierras del sureste de Salamanca tiene una superficie aproximada de 2.000 km2 y alberga 85 municipios. Situada en el Sistema Central, entre ambas mesetas, es una zona montañosa con grandes desniveles y pendientes (2.454 m de altitud en el pico del Canchal de la Ceja frente a los 520 m del municipio de Sotoserrano) y una elevada pluviosidad (aproximadamente 1.400 l/m2 en la zona de sierra). El río Alagón, afluente del Tajo, y los ríos Tormes y Huebra, afluentes del Duero, son los principales cauces de la comarca.
 
Geológicamente, predominan la pizarra y la cuarcita de las Sierras de Francia y Quilamas, y los granitos de la Sierra de Béjar y zona de Entresierras. Es destacable la existencia de una franja calcárea en zona de Quilamas, auna altitud de 1.000 m, que dio a la zona el nombre de la Calería pues se aprovechaba para la extracción de cal.
 
Las características climáticas son muy variables, dada la morfología descrita y la extensión de su territorio. La influencia del Atlántico es fundamental, penetrando los frentes habitualmente por el oeste de la comarca. Las temperaturas dependen a su vez de la altitud y orientación de las distintas zonas, encontrando un clima continental en las zona norte que se extiende hasta el campo charro, un clima de alta montaña en las sierras y un microclima más cálido al sur, en el valle del Alagón. Los pueblos suelen contar con numerosas fuentes.
 
Todo lo anterior, unido al aislamiento propio de zonas de difícil accesibilidad y al tradicional uso sostenible del territorio han conservado un rico patrimonio natural y cultural, con una amplia variedad de ecosistemas entre los que destacan por su abundancia los robledales y encinares, tanto en dehesas como en monte bajo. En la comarca hay también rebollares, bosques de madroños, fresnedas, acebos y castañares.
 
La presencia humana se remonta al paleolítico superior, con diversos restos, habiéndose hallado también pinturas neolíticas en diversas grutas del valle de Batuecas.
 
De los vetones, pueblo celta que ocupó el territorio de las actuales provincias de Ávila y Salamanca y parte de las de Cáceres, Toledo y Zamora, quedan en la comarca numerosos restos de castros y de verracos. En la época romana se extrajo abundante oro (yacimiento de Las Cavenes, en El Cabaco) y se construyeron numerosas obras públicas, principalmente ligadas a la calzada de la Vía de la Plata. Tras derrotar a los visigodos en la cercana Segoyuela de los Cornejos en el 713, los musulmanes se asentaron en la zona durante unas décadas, siendo reconquistada por el asturiano Alfonso I a mediados de ese mismo siglo y quedando como tierra de nadie hasta que el rey Alfonso VI la repobló con numerosos franceses entre los siglos XI y XII. En el siglo XVI se construyeron diversos monasterios en la comarca, entre los que destaca el de Las Batuecas.

Actualmente la comarca cuenta con una población cercana a los 45.000 habitantes. Sólo cinco municipios superan los 1.000 vecinos, con Guijuelo (5.000) y Béjar (15.000) como núcleos principales. 
 
La arquitectura popular. 
 
Las casas de la sierra suelen ser de dos o tres plantas de altura y edificarse en grupo, adaptándose al relieve y a las rigurosas condiciones climatológicas a las que están sometidas. La construcción tradicional suele ser muy sólida, empleándose gruesos muros de carga realizados con sillar o sillarejo de granito en planta baja y entramados de madera rellenos de adobes o pequeño mampuesto en el resto, rejuntados y encalados posteriormente o directamente vistos. Los forjados y carpinterías son de madera. Como en otras zonas de montaña, las puertas de fachada son protegidas de la nieve mediante unas segundas puertas de madera hasta media altura o batipuertas. 
 
Las distintas plantas de los inmuebles se dedican a diferentes usos. En planta baja se disponen las cuadras, almacenes, zonas de matanza e incluso alguna pequeña bodega. En las plantas intermedias están las zonas de vivienda, consistentes en varias alcobas que abren a una sala principal que suele dar a fachada y contar con una ventana o balcón característicos. Las escaleras son bastante empinadas, de madera. En las últimas plantas (normalmente, la segunda, aunque a veces la primera) y junto a alguna otra habitación, se dispone la cocina, pieza fundamental, amplia y con suelo de losas para proteger su estructura del fuego que suele permanecer encendido. 
 
Tradicionalmente, las cocinas no tienen chimenea. El humo asciende y atraviesa el techo de tablas separadas que sirve de suelo al sequero o “sobrao”, espacio diáfano que queda bajo cubierta, en donde se aprovecha para secar y conservar las chacinas, embutidos u otros productos que se cuelgan de palos. Los tejados, pues, no solían contar con chimeneas, saliendo el humo a través de las tejas o, particularmente, de alguna teja levantada o cántaro roto dispuesto a tal fin. Los aleros de cubierta suelen ser amplios para proteger las casas. Puede haber galerías de madera que también se utilizan como secaderos. 
 
Los cuatro vídeos que se ofrecen en este artículo han sido promovidos por ASAM, Asociación Salmantina de Agricultura de Montaña y por CODINSE, Coordinadora para el desarrollo integral del Nordeste de Segovia. Creadas, respectivamente, en 1986 y en 1992. Ambas asociaciones, independientes y sin ánimo de lucro, están formadas por entidades sociales, económicas y culturales, además de personas físicas y ayuntamientos. Se dedican a trabajar en el desarrollo rural y la conservación del patrimonio natural y cultural de sus respectivas comarcas. 
 
ASAM es, además, el órgano gestor de la Reserva de la Biosfera de las Sierras de Béjar y Francia por decisión de la UNESCO desde octubre de 2008